martes, 17 de septiembre de 2013

Storm King: el museo más grande del mundo (más o menos)

Según los sabios de Internet, el museo más grande del mundo en términos de superficie es el Hermitage de San Petesburgo, con 127.478 metros cuadrados. También hay quien pone en primera posición al Smithsonian de Washington DC, ya que es un complejo que cuenta con 19 museos y nueve centros de investigación que suman hasta 435.000 metros cuadrados.

Pues bien, se equivocan.

El pasado fin de semana Yolanda y yo cogimos el coche (esa es otra historia) y nos dirigimos al valle de Hudson (Estado de Nueva York) para visitar el Storm King Art Center, un museo de 500 acres, o lo que es lo mismo, 2.024.000 metros cuadrados.

Repito en letras: DOS MILLONES DE METROS CUADRADOS. Yo diría que es el museo más grande del mundo.

Su extensión es tan vasta que desde su propia página web te advierten de la casi imposibilidad de verlo todo en un día y te animan a planificar excursiones en bicicleta por sus caminos. De todos modos, para aquellos que están de paso y no saben si podrán volver a Storm King en más ocasiones también se ofrece una especie de minibus interior que recorre las zonas más interesantes del lugar.

Storm King Art Center 4

Aunque para ser totalmente honesto debo decir que Storm King Art Center no es un museo propiamente dicho. Más bien se trata de una extensísima porción de campo del Valle de Hudson transformada en el enorme contenedor de cientos de esculturas.

La sensación de pasear por sus pequeños valles, divisando extrañas y gigantescas esculturas de colores, perderse entre los bosquecillos que encierran obras con un indiscutible aire de misterio o contemplar desde alguna colina el tranquilo y asilvestrado panorama del Rey de la Tormenta debe ser algo parecido a lo que experimentó Daenerys Targaryen al entrar por primera vez a Vaes Dothrak y descubrir todos los tesoros expoliados por los dothraki. Con la salvedad de que en Storm King se trata de esculturas cedidas o compradas a artistas internacionales.

La colección escultórica de Storm King Art Center se sustenta principalmente en obras de artistas contemporáneos de la segunda mitad del siglo XX en adelante. Cuentan con una colección fija espectacular -diría  incluso que su valor está intrínsecamente unido al hecho de estar situada en tal entorno- y paralelamente acogen exhibiciones temporales.

A nosotros nos ha parecido algo espectacular y seguro que volveremos. Si alguna vez venís a Nueva York y tenéis un poco de tiempo, dedicadle al menos una visita, no os defraudará.

Os dejo con algunas fotos:

Storm King Art Center 12

Storm King Art Center 6

Storm King Art Center 11

Storm King Art Center 14

Storm King Art Center 15

Storm King Art Center 2

Si queréis ver más fotos del Storm King, podéis hacerlo en mi cuenta de flickr




lunes, 16 de septiembre de 2013

El futuro alcalde de Nueva York

Salir al extranjero en busca de un nuevo trabajo y una nueva vida bien entrada la treintena es una excelente manera de hacer añicos la rutina. Hasta hace unos meses Yolanda y yo gozábamos de una situación privilegiada en España, teniendo en cuenta los tiempos que corren en la península. Aunque Barcelona no era nuestra ciudad natal, ambos teníamos un trabajo estable, un sueldo más que digno y un círculo de buenos amigos construido no sin esfuerzo. La rutina podía ser aburrida muchas veces, pero sin duda era una vacuna eficaz contra los sobresaltos e imprevistos no deseados.

Supongo que no extrañará a nadie: siendo españoles y viviendo en Barcelona, era inevitable que la desalentadora crisis del país, el debate independentista y los asuntos de corrupción política fuesen una parte sustancial de nuestra rutina. Las conversaciones sobre estos temas saltaban casi sin darnos cuenta, diariamente. Ya fuese en el trabajo, con los amigos o entre nosotros. “Bárcenas es blablablá, Urdangarín y la Infanta son unos blebleblé, los independentistas catalanes se comportan como bloblobló”. Lo típico, ya sabéis. Cuñadismo puro y duro, genéticamente español.

En fin, las discusiones sobre política y el cuñadismo de bar formaban parte de mi rutinaria vida. Y me encantaba. Los que me conocéis sabéis que me gusta discutir hasta la extenuación.

¿Dónde quedaron las discusiones políticas?

Hace poco más de un mes que aterricé en Nueva York y debo reconocer que echo de menos una buena discusión con amigos, vecinos o compañeros de trabajo, necesito un poco de dialéctica acalorada y razonamientos estúpidos que rebatir. Así pues, he decidido aplicarme con la actualidad política norteamericana. Empezando por lo que me queda más cerca: las próximas elecciones a la alcaldía de Nueva York, a celebrar el próximo 5 de noviembre.

Pero ¿quién en su sano juicio quiere ser alcalde de Nueva York?

Probablemente un tipo como Michael Bloomberg, el alcalde saliente, que ha estado en el cargo desde 2001. Para los que no le conozcáis, Bloomberg es uno de los hombres más poderosos y ricos de Estados Unidos y ha formado parte tanto del partido demócrata como del partido republicano, hasta que se declaró independiente en 2007. Como buen judío, Bloomberg supo amasar su fortuna en las entrañas de Nueva York: primero como socio del banco de inversiones Solomon Brothers y más tarde a través de su propia empresa Bloomberg LP, que ofrece software, datos y noticias financieras. Bloomberg ha sido el único alcalde de la historia de la ciudad en gobernar durante tres legislaturas consecutivas y para conseguirlo tuvo que cambiar unilateralmente la ley que limitaba a dos el máximo de legislaturas en el trono de NYC, en un claro ejemplo de admiración por la figura política de Hugo Chávez (¿no?). En 2010, no obstante, los neoyorquinos tuvieron la oportunidad de manifestar su opinión sobre este polémico alargamiento de legislaturas y votaron de forma masiva a favor de restaurar el límite de dos legislaturas en el cargo.

Como advenedizo que soy en NYC no voy a calificar la gestión del "Mayor" Bloomberg en la ciudad, para eso ya hay expertos a los que podéis leer por ahí. Sin embargo, creo que ser alcalde de Nueva York no debe ser una tarea sencilla. En primer lugar, el tipo que caiga en ese puesto debe saber contar y repartir billetes, ya que esta infinita ciudad cuenta con el mayor presupuesto municipal de todos los Estados Unidos, unos pasmosos 70.000 millones de dólares. El alcalde también es el máximo responsable de la gestión de todos los servicios de una ciudad de más de 8,3 millones de habitantes repartidos en unos escasos 780 kilómetros cuadrados. Pecata minuta, vamos.

New York City Hall

Candidatos

Antes de que se celebren las elecciones a la alcaldía el próximo 5 de noviembre, tanto el Partido Demócrata como el Republicano han efectuado sus rondas primarias para determinar sus respectivos candidatos.

Los demócratas

Las primarias demócratas de este año han estado bastante reñidas entre seis candidatos que representan a la perfección la multiculturalidad y el espíritu meritocrático de Nueva York, como sacados de un cásting para reflejar las diferentes etnias y procedencias. Aunque a mí se me asemejan más a personajes sacados del videojuego Grand Theft Auto.

Estos han sido los gladiadores demócratas:

-Sal Albanese. A pesar de tener un nombre propio de un capo mafioso, este italoamericano ha sido profesor de escuela durante once años y concejal en representación del distrito 43 de Brooklyn entre 1983 y 1998. Albanese nació en Mammola, un pequeño pueblo del sur de Italia y emigró a Nueva York con su familia cuando apenas tenía ocho años. Destaca por ser un abierto defensor de los derechos de la comunidad gay y lesbiana.

-Bill de Blasio. Sí, por su nombre podría ser otro miembro de la famiglia, pero Bill de Blasio es uno de esos tipos que se esfuerza en transmitir buen rollo. De Blasio está casado con la activista, poeta y escritora negra (de momento en este blog no usaremos el palabro “afroamericano”) Chirlane McCray y juntos conforman una familia interracial digna de los sueños más húmedos de Macaco. De Blasio tiene una larga carrera política en Nueva York ejerciendo diversos cargos. Desde 2010 es el Defensor del Pueblo de la ciudad.

-John Liu. No debemos confundir a este político asiático con su homónimo actor de películas de Kung Fú. Nuestro candidato asiático (véis como poco a poco vamos cumpliendo cupos) también tiene detrás una historia de emigración y superación. Nacido en Taiwan, emigró a los Estados Unidos a la edad de cinco años. Liu es un político de carrera con muchos años trabajando en la administración municipal y desde 2009 ha sido City Comptroller, un cargo de gran importancia encargado de fiscalizar y auditar de forma independiente las actuaciones de los diferentes organismos municipales.

-Erick Salgado. Aunque no lo parezca, este hispano nacido en Bronx en 1970 es el más jóvenes de los candidatos demócratas. Aparte de representar la cuota latina, también encarna fuertes valores religiosos. Salgado es un pastor evangélico diplomado en Estudios Teológicos por el Instituto Bíblico de Río Piedras (Puerto Rico) y su carrera profesional es una mezcla de hombre de negocios en el sector de las emisoras radiofónicas y telepredicador plasta.

-Christine Quinn. La única mujer candidata es nativa de Long Island y gusta de hacerse fotos impactantes (afición que comparte con Francisco Camps y María Teresa Fernández de la Vega). Se convirtió en concejal del ayuntamiento en 1999 y desde 2006 ha sido portavoz municipal. Ah, Quinn también destaca por ser la primera mujer abiertamente lesbiana en participar en la carrera por la alcaldía de NYC.

-Bill Thompson ¿Qué minoría faltaba? ¡Bingo! Bill Thompson representa a la minoría negra. Este neoyorquino de 60 años ha ejercido cargos de gran importancia en la administración neoyorquina (fue City Comptroller durante siete años) a lo largo de su carrera política y tiene un perfil político sin tacha. ¿Su problema? Eso mismo, que es sosísimo.

-Anthony Weiner. Quizá a alguno de vosotros os resulte familiar nuestro último precandidato demócrata, ya que es el único que ha traspasado fronteras, apareciendo en los principales periódicos europeos y españoles. Este político con apellido de salchicha alemana era una de las grandes promesas del partido hasta que su carrera se vio amenazada por unos inocentes escándalos sexuales. En 2011 Weiner tuvo que dejar su escaño como congresista al hacerse público que había enviado fotos de contenido sexual -una de ellas con el pepino en su máximo esplendor- a varias mujeres a través de twitter. Entonces, el partido forzó a Weiner a someterse a un tratamiento contra la adicción al sexo. Con las aguas más tranquilas, Weiner anunció su regreso a la arena política el pasado mes de julio como precandidato a las primarias demócratas y, acto seguido, nuevos mensajes picantones se hicieron públicos. Mensajes que había mandado bajo el alias de “Carlos Danger” a una muchacha de ventidós años.

Finalmente, las primarias demócratas cayeron del lado de Bill de Blasio, que obtuvo un 40,2% de los votos frente al 37,7% del segundo, Bill Thompson.

Los republicanos

Las primarias del partido Republicano presentaban a un trío de precandidatos bastante más homogéneo que el nutrido grupo demócrata. Básicamente los tres precandidatos ofrecían un perfil similar: empresarios y hombres de negocios con mucha plata.

-John Catsimatidis es un empresario de origen griego (nació en Nisyros, Grecia, en 1948) con cara de hacerlo todo honrada y legalmente. Catsimatidis es el fundador y dueño y señor de Gristedes Foods, la mayor cadena de ultramarinos de la ciudad, y de Red Apple Group empresa inmobiliaria con intereses en New York, Florida y las Islas Vírgenes entre otros lugares. Íntimo amigo de Bill Clinton, Catsimatidis representa al ala más moderada de los republicanos y ha declarado que los tres presidentes que más admira son Kennedy, Reagan y Clinton.

-George T. McDonald es un empresario famoso por haber fundado The Doe Fund, una de las oenegés más famosas del país enfocada a la reinserción social y laboral de ex-drogadictos, ex-presidiarios y vagabundos. Antes, McDonald se hizo rico como empresario en el sector textil y representa como nadie al clásico neoliberal norteamericano. “Trabajo, independencia y libertad económica: esos son los principios para impulsar nuestra economía”, dice el pájaro.

-Joe Lhota. Más que un hombre de negocios, el precandidato Lhota ha sido un hombre de finanzas. Lhota ha trabajado durante catorce años en dos grandes bancos de inversiones de la Gran Manzana. A nivel político ha sido el vicealcalde de Nueva York durante los años de Rudolph Guiliani y también ha ostentado el cargo de presidente de la Autoridad Metropolitana de Transportes de Nueva York.

Al final, las elecciones primarias republicanas no tuvieron mucha historia y como todos los analistas esperaban ganó Lhota holgadamente, consiguiendo el 52% de los votos.

Sólo puede quedar uno

Así pues, el próximo 5 noviembre serán Bill de Blasio y Joe Lhota los que pelearán por el trono de Gotham durante al menos los próximos cuatro años. ¿Ganará el demócrata buenrollista De Blasio o será el gris republicano Lhota el que saldrá triunfante?

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Coca-Cola frita

En la edición del año 2006 de la State Fair of Texas -un evento que se celebra anualmente en Dallas y que conjuga todo tipo de atracciones lúdicas- Abel González Jr., un intrépido informático tejano de 36 años, fue el ganador del Premio a la Creatividad Culinaria. Como apasionado de la cocina y americano de pro, González quiso presentar un plato que aunara dos de las grandes pasiones culinarias del país: las cosas fritas y las soft drinks. González había inventado la Coca-Cola frita.

Aunque lo estrafalario del plato le permitió tener cierta repercusión en los medios de comunicación, la Coca-Cola frita no ha tenido un impacto reseñable en la industria alimentaria norteamericana. Tal vez las 850 calorías que contiene cada vaso son excesivas incluso para este país.

Una invención culinaria más refinada y con mucho más éxito ha sido el Cronut. Definido por su inventor, el chef Dominique Ansel, como una mezcla entre donut y croissant, el Cronut ha sido objeto de alabanza en el universo foodie anglosajón y ha disfrutado de una promoción mucho más profesional y encaminada al éxito. De hecho, en la web oficial del invento se afirma orgullosamente que la cosa “is taking the world by storm” y que para conseguir probar un Cronut hay que hacer una cola de más de dos horas, y aún así no garantizan a los pacientes penitentes que cuando llegue su turno queden existencias de los dichosos bollitos.

Mi pueblo también es un destino destacado entre los diversos peregrinajes culinarios que existen en los Estados Unidos. Hoboken es la sede de la pastelería Carlo’s Bakery, famosa internacionalmente por ser objeto de un reality show llamado Cake Boss sobre pastelería hortera en el canal de televisión TLC. Las ventas internacionales del programa le han dado incluso fama en el extranjero y las colas que se forma cada día en la puerta de la pastelería para conseguir hincarle el diente a una de sus espeluznantes tartas son de órdago.

Un gran negocio

Queda claro que este país ama la comida. Forma parte de su ADN y es un negocio que mueve miles de millones de dólares al año. Algunas cifras sorprenden por su inmensidad: Según un estudio de la consultora norteamericana First Research, el sector de la restauración en Estados Unidos incluye cerca de 550.000 restaurantes y alcanza unos ingresos anuales de más de 400 mil millones de dólares.

El “namedropping” de las principales empresas del sector seguro que os resulta familiar: McDonald’s, Burger King, KFC, Pizza Hut, Taco Bell, Olive Garden, Red Lobster, etc. No obstante el sector está fragmentado, ya que las 50 empresas más grandes “sólo” acaparan el 20% del mercado. 

Para poder proveer adecuadamente esta miríada de restaurantes, la ganadería y la agricultura norteamericanas han alcanzado un volumen titánico y una eficiencia germánica. Estados Unidos es el primer productor mundial de carne, leche, mantequillas y huevos. Por su parte, la mayor parte de la superficie agrícola norteamericana se destina al cultivo de cereales (77,83 millones de hectáreas), entre los cuales destacan el trigo (23,35 millones de hectáreas, 12.5% de la producción mundial) y el maíz (27,86 millones de hectáreas y 40% de la producción mundial). En ambos casos, Estados Unidos es el primer productor y exportador mundial.

En este punto, podría hacerme el listo y escribir algo de Monsanto, pero tengo un amigo que sabe mucho más de estas cosas, así que si queréis conocer más de eso, preguntadle a él. Yo sigo con lo mío.

Un problema gordo

Nada nuevo bajo el Sol: Estados Unidos tiene un problema de obesidad importante. Es más, de tan repetida, esta afirmación es aburrida y parece vacía de contenido. ¿Cuántos documentales, películas, artículos o libros se han escrito sobre este tema? Miles. Y sin embargo cuando uno visita por primera vez los EE.UU. una de las cosas que más fascinación provoca es la comida. Las grandes raciones de los restaurantes, las infinitas y repletas estanterías de productos en los supermercados, los food-trucks, los puestos de perritos calientes, conforman un paisaje hipnótico para el rústico europeo que aterriza aquí por primera vez.

Templo Americano


Pero es innegable, la obesidad en los Estados Unidos es un problema. Aunque más que de salud pública, se trata de un problema socioeconómico directamente relacionado con las diferencias en el acceso a alimentos saludables. Aquí son los pobres los que están gordos como morsas. Los azúcares agregados y grasas añadidas son mucho más asequibles que las dietas saludables y equilibradas.

Yo jamás he sido un tipo concienciado respecto a los alimentos que consumo, en España me zampaba casi cualquier cosa que cayese en mis manos. Sin embargo, desde que he llegado a este país una ligera paranoia alimenticia se ha instalado en mi cabeza. El bombardeo de noticias, mi propia experiencia digestiva y los anuncios y promociones de las propias compañías de alimentos han acabado convenciéndome de que tengo que tener muy en cuenta qué clase de productos me echo al buche.

Hormonas, antibióticos, sirope de maíz y otras salsas

A pesar de que Barack Obama firmara en 2011 la mayor reforma general del sistema de seguridad alimentaria de Estados Unidos desde 1938 con el objetivo de disipar los temores del público sobre la seguridad de los alimentos, a mí el miedo ya me lo han metido en el cuerpo.

Y es que cada vez que voy de caza al supermercado busco huevos y carnes que no provengan de über-granjas que utilizan hormonas y antibióticos para engordar más y más rápido a sus animales; busco pan, quesos, yogures y demás alimentos libres del terrorífico jarabe de maíz alto en fructosa, me ando con mucho ojo y leo hasta la última etiqueta de cada producto que compro. ¿Me estoy volviendo loco? ¿Me estoy convirtiendo en un comeflores? Tal vez un poco, pero mi vena marrana sigue ahí y más a menudo de lo que me gustaría acabo sentado en un Diner, zampándome una buena hamburguesa de vaca mutante o unas baby ribs de corderito genéticamente modificado.

Supongo que tengo que aceptar las eternas contradicciones del ser humano.